dimarts, 12 d’octubre de 2010

La visita del Papa


Escúchenme ustedes. Una cosa les voy a decir. El mundo está lleno de gilipollas. Hay gilipollas por todas partes, en todos los rincones. Enciendes la televisión y salen a borbotones; le das una patada a una piedra y viene alguien por detrás y te espeta: “Eh! Pero qué hace, fascista! Las piedras también tienen derechos! ¿Se cree usted que puede ir dando patadas a las piedras? ¿Qué pasaría si todos fuéramos dando patadas a destajo?”... menudo gilipollas!

Nada, asumámoslo, el mundo es de los gilipollas. Están ahí, forman parte del decorado, como las meninas, mirando con cara de Borbón. Y como un Velázquez cualquiera, me miro al espejo y pienso: “¿Qué coño pinto yo aquí?”