divendres, 9 de juliol de 2010

Aires de siesta

El peso del párpado. La incapacidad de incorporarme. Un ojo divisa el reloj, son las 19:04... La imagen anterior que recuerdo es Cavendish esprintando sin esfuerzo, recuerdo haber pensado en Verano Azul: Quique, Bea, Tito, Pancho, Piraña y Cavendish. Después mi peso. Aire quemado en la ventana. Humedad en las sábanas. Sudor.

Consigo sentarme. Tengo los labios hinchados. Muerdo solomillos. Abro la ventana y los ingenieros me miran. No se ríen. Quieren saltar. Gruño al extranjero que habita en el sofá. Me asalta el chorrazo y una duda razonable. Caraza inflada en el espejo. Me reiría pero no me sale.

Pienso en el pulpo. Puyol en pelotas saludando a su majestad (su de él). El himno lalalá. Pienso en Camacho: “... y quien no lo sienta dentro, lo siento por él”. Joder Camacho, no lo siento dentro y siento no sentirlo. Camacho lo siente y lo siente por mí. Pienso en su querida España, esta España suya, esta España vuestra. Pienso en Cataluña que se independiza de mí. Pienso en los pijos de Cadaqués que van a Sant Joan “papá papaparara” y que vuelven a Cadaqués después y que rascan las orejas de Menorca como si fuera un perrillo. Pienso que quiero ganar el Mundial y que respeten el Estatut, pero no será mi mundial ni mi estatut.

Patria, banderas y Dios. Orgullo, honor e historia. Naciones, sociedad y cultura. Se llena la boca de nada, se llena la boca de gas. Mi referencia sigue siendo la pelota. Aunque sea la peor pelota del mundo.

Eructo y me siento en el sofá.