diumenge, 18 de març de 2012

Muramos


He pensado en ti como concepto. Como idea. Para poder enumerarte. Para que aparezcas en un ideario y poderte resaltar en negrita y sangría francesa. He estado pensando en ti como intangible objeto de tesis. Te he visualizado como un título de veinticinco palabras que se entiende menos cuanto más se relee. He abrazado el polvo de mis dedos y de tus teclas y he escrito algunas líneas. Ni la tinta ni el papel, ni la mina o la madera han logrado darte forma.

He pensado en ti estos días, sentado en mi despacho, viendo las tardes descender de hoja en hoja, en el árbol que se asoma por mi ventana. Y no he conseguido verte. Tal vez sea tarde para pensarte. Igual es el tiempo de bajar a la calle.

Ansiedad


Ansiedad es un listón de madera atado con alambre a tu columna vertebral. Es despertar súbitamente en una sala con cuatro puertas y bajo cada umbral un perro negro ladrando y salpicándote los dedos de espuma gruesa y tibia. Baldosas blancas y desgastadas, mordidas por el tiempo que se extienden hasta un abismo donde el viento chilla y te empuja, te sopla dentro del alma y te impide respirar haciendo que tus gritos de pánico queden reducidos a un murmullo, a un gruñido sordo.

Ansiedad es ese listón de madera que se retuerce sobre sí mismo y te acurrucas sobre el hielo e intentas acompasar tu respiración al crujir de esa bombilla desnuda a punto de fundirse. Cigarra moribunda.